Thursday, December 29, 2011

Fábula de los leones risueños

Cuentan los que cuentos cuentan que la mesa era marrón y sobre su superficie brillaba el reflejo del sol, que para cuatro leones era una estrella de 75 vatios. La gloria de aquellos leones era el descontrol de una gacela que convulsionaba sobre la mesa, fijada al mantel por una serie de alfileres, casi casi como muñequita de vudú. Y de repente la gacela sufrió una serie de espasmos espantosos y se extendió en la mesa cual cruz de San Andrés, quedando la lengua afuera y los ojos abiertos con una expresión chistosa. Y los leones explotaron en carcajadas que parecían de hiena, y de pensar que parecían hienas más risa les daba.

Se intentaron calmar pero no pudieron. Los leones se tragaban la risa, pero al voltearse a mirar los unos con los otros, les ganaba la gracia del chiste que se hacía viejo, yerto, morado y podrido. Por un momento pensaron haberse reconfortado de semejante ataque hilarante, pero la danza lenta del rigor mortis le pareció tan ridícula a los leones que volvieron a caer en las garras de los colmillos. Es decir, de los colmillos expuestos por la risa. Ya varias noches y muy posiblemente sus días se habían sucedido, y la risa era una infección rica pero dolorosa, que les llenaba las panzas de aire a los leones, y los retorcía de emoción.

La mañana del jueves, según cuentan, cayó muerto el primer león. Quizás de inanición, quizás de agotamiento. Los tres restantes ahora reían pero tambíen lloraban, y así fue con el segundo, y el tercero, y el cuarto, que a bien viene acortar la historia. Una vez los cuatro leones yacían quietos, los hocicos contra la mesa, besando el reflejo propio del sol de 75 vatios que desde la altura los iluminaba, la gacela se incorporó y, luego del sobresalto inicial que le causó la imagen de los cuatro leones sobre la mesa, casi que como en acción de gracias por el festín que se avecinaba, se los comió a los cuatro en pocas mordidas. Saliendo del recinto, rechoncha y satisfecha, le dio por reír.

La moraleja es que si la mesa es marrón y sobre su superficie brilla el reflejo del sol; que si el sol es de 75 vatios, y la gacela se extiende bajo éste, la gacela puede violar ciertas leyes naturales, y salir del recinto con cuatro leones en la panza.

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